Hace años, por estas fechas, fui a una tienda de los chinos a comprar unas bolsas para regalos de Navidad. El joven chino que me atendió me soltó con una sonrisa: “Muchos nietos, ¿no?. Como no tenía muchas ganas de dar explicaciones le dije que sí, a lo que él añadió: “muchos nietos, muchos “legalos”, mal “lollo”.

Creo que hay mucha gente a la que con la llegada de las luces y los anuncios de Navidad ya se les han cruzado lo cables y se les ha pasado por la cabeza lo del chino: “mal lollo”: encuentros familiares no deseados, comidas por compromiso, reuniones con personas que nos desazonan, recuerdos de personas queridas que hemos perdido a lo largo del año o de los últimos años, soledad vital, más dolorosa y significativa en esos días, en fin, “mal lollo”. Hace unos días, en un programa de televisión, entrevistaban a una periodista catalana, a propósito del proceso independentista y lamentaba el daño que le había hecho a la convivencia del ciudadano de a pie: en la relación del padre con su hijo, del hijo con su padre del hermano con su hermana, del tío con el sobrino, del amigo con el compañero… «En estas Navidades las cenas de las familias catalanas van a ser muy incómodas y complicadas», afirmaba.

La pregunta que surge espontánea para los cristianos y los creyentes españoles, es, ¿qué hemos hecho con la Navidad para llegar a esta situación? La Buena Noticia del nacimiento de Jesús y su mensaje de “paz a los hombres de buena voluntad”, ¿no es ya una buena noticia? Yo creo que sí y que es y debe ser para nosotros un reto hacerla realidad en nuestro entorno. No porque estemos ciegos para no ver tantos problemas, dolores y angustias como vive nuestra sociedad, sino porque somos capaces de encontrar en este nacimiento de Dios entre nosotros, motivos de gozo y alegría para nuestra convivencia. Porque somos capaces de ver y descubrir tanto bien como existe entre los seres humanos, de amor entre padres e hijos, entre hermanos, amigos, en tánta gente buena que dedican tiempo y dinero a los más desfavorecidos.

No se lo puso nada fácil Dios a María y a José en el nacimiento de Jesús. Pero ellos fueron capaces de vivirlo con gozo y alegría y de transmitírselo así a los pastores, a los Reyes Magos. La solidaridad de Dios con la humanidad, que se hizo “como uno de nosotros”, debe impulsarnos a nosotros, sus seguidores, especialmente en estos días, a ser más solidarios con los que no tienen, están solos, están pasando una mala racha, padeciendo una pérdida, en fin, que la Navidad pueda ser, como debe ser, “un buen rollo”.