Seleccionar página

Con permiso de DON JULIO CARO BAROJA

17 febrero 2021

Casi todos los días o a la ida o a la vuelta hacia El Retiro paso delante del número 50 de la calle Alfonso XII, en Madrid, donde una placa conmemorativa reza así: “En esta casa vivió de 1968 a 1994 el Historiador y Etnógrafo Julio Caro Baroja, vástago de inolvidable familia. Ayuntamiento de Madrid, 1997”.

Nombrar a los Baroja es propinarle una derrota a la estupidez, es pulverizar palabras y nombres necios, es romper senderos de vagos y malandrines. Con los libros de Don Julio, lo que a mí me llegó fueron quejas, chillidos, gritos congelados de ciencia, vuelos enojados y escrutadores de trabajos científicos y estudios aplomados como El Carnaval, Los vascos, Las Brujas, El señor Inquisidor

– Así que usted es el señor De Coro ¡el de Sancho el Sabio!

– Digamos que sí, Don Julio.

No dejaba de mirarme con curiosidad.

– Un texto de usted será un buen arranque de la Fundación –dije.

– La verdad tengo sorprendentes trabajos entre manos.

– Su firma siempre es garantía de calidad acumulada.

– No sabe, o sí, la otra memoria de los vascos. ¡Lo que se aprende con ella!

– Éramos dos personas, ya mayorcitos, en peligro.

– Vendrá a verle el presidente, Don Julio, para…

– Aquí estaremos.

– Pues vaya escribiendo ese libro para cuando lleguen los jefes de la Kutxa.

– Por supuesto, señor De Coro. Usted ya cumplió. Ahora me toca a mí. Además esta mañana recibí una telefonada de la directora técnica, una tal Carmen.

– Pues en marcha.

Don Julio desciende de su pedestal, hasta ágil, sí, pero con una ligereza pesada. Lleva un albornoz holgado, y tiene el andar de un hombre descalzo, al que le hubiesen salido chancletas en los pies.

– Termino de leer estos días su El laberinto vasco. Haré reseña en nuestra primera revista.

– No me negará que no deja de ser eso… un laberinto.

– Al treinta… Del laberinto al treinta.

– ¿Es usted vasco? ¿Ese de Caro?

– Perdone, de Coro, es de de Coro.

– Me interesa ese apellido… es de iglesia, de catedral.

– No, no, es de origen gallego, por parte de abuelo materno. Coro es un topónimo de aldea gallega.

– Bueno, entonces es usted de los que se tiran al vacío y está lleno.

Se me quedó esa imagen. El vacío llevo y el lleno vacío.

Tenía una voz algo dura, algo ronca, pero no desagradable. Sentí una especie de latigazo y empecé a apretar la despedida. Como escuecen algunas palabras (El lleno vacío de Sancho el Sabio o el vacío lleno).

– Se dice, Don Julio, que los libros no cambian el mundo.

– No estoy de acuerdo. A mí, por ejemplo, me dan unas palizas que duran años. Pero eso sí, se lo perdono todo, por poder terminar todos los que tengo entre manos.

Aspiro memoria. Un puñado de congresistas sobre los doscientos del Congreso de Estudios Vascos en Bilbao, el primero después del franquismo, me hacen llegar una nota escrita a mano: “Muy bueno lo suyo, profesor. Los alumnos de Deusto”. Preside la mesa de mi ponencia Tellechea Idígoras, acompañado de dos jesuitas. Ahora me sonríen todos. Una tromba de aplausos cae sobre mí, mientras ya ya se va a iniciar un diálogo que se presenta interesante, ¿te acuerdas Paco? Allá al fondo veo a Valentín de Pablo y a Aureliano Laguna.

En voz baja como una confidencia, Ander Manterola, vicepresidente de Euskoikaskuntza me dice: “Quédate con nosotros. Este es tu sitio. Eres de los nuestros”.

Cuántas veces he oído esa afirmación: “Eres de los nuestros”, amigo Javier. En Roma, al mayor de los Juárez, uno de los representantes de España en la FAO, mis amigos de toda la vida de la calle Lavapiés; en Cerdeña, el mismísimo señor obispo de Tempio-Pausania entonces; en Donostia, en Guada, en el “CES Don Bosco”, en Vitoria, hasta en Ciudad Rodrigo, igual te lo cuento algún día. La vida –ahora que estamos en Carnavales– es un escaparate de máscaras y muchas de sus decisiones salen de las vísceras más remotas. Es difícil adivinar dónde empieza el alma y donde el antifaz de las personas y de las instituciones.

Haec domus mea, inde gloria mea” / “Esta es tu casa, de aquí tu gloria”.

Además ningún mundo es estrictamente lo que se ve, a palo seco, y ni un paso más. El historiador es especialista en cañerías.

Desde la primera fila de los congresistas en Bilbao, una de mis editoras, Idoia Estornés Zubizarreta, exclama:

– Señores, dejen a Paco en paz.

Y les hace con la mano un gesto de vosotros –estad ahí– y cerrad el pico.

Les añade:

– Paco no está estructurado para asentarse. Es estepario.

– ¿Quién?

– Pues, Paco, uno de mis escritores favoritos.

Noté un dolor que trepaba con dificultades por el muro de la Memoria Profunda. Yo conocía esa frase. Me sonaba el diagnóstico.

– ¿Cómo sabes que es estepario?

– Estepario, lo sé. Se parece mucho a mí, que vasca, vengo de Chile y a él vuelvo. Me lo dijo un tal Bacarezza, salesiano chileno compañero de él en Roma: Paco de Coro no está estructurado para asentarse.

[…]

Me llevo la mano a la frente y me golpeo con los nudillos, como quien despierta y despabila a un colega invisible.

– ¡Uyy! Perdone, Don Julio, se me fue el santo al cielo.

– Nada, hombre, nada, falta, falta nos hace que se vayan los santos al cielo; nos sobran estructuras, dijo con desenvoltura y añadió: – ¡Pronto le tocará volver a Sancho el Sabio!

– Mañana mismo. ¡Hay mucho que hacer!

– ¡Le tocará ir a las batallas!

– ¿A las batallas? A espantar moscas como en todas partes.

– ¡Las habrá cojoneras!

– Cojoneras y beatas. Son las peores. Ya mi padre me avisó, de pequeñajo, que me guardara de mis tías, sus hermanas, las más beatas de Ocaña y las más chismosas.

– ¡Bueno, señor De Coro, a las batallas!

– Nos llamamos, Don Julio.

Ahora sí. Ahora Don Julio apura el paso. Casi corretea. Entra en la sala de visitas. Desaparece por un momento. Vuelve a aparecer con un libro en la mano izquierda. Y… ya, sobre el umbral de entrada, me choca la mano derecha y con la izquierda me ofrece su libro El Carnaval. Se mantiene erguido y como impasible. Como al acecho.

– En espera de sus noticias.

– Hasta pronto.

Para los dos es hora de ir a las batallas.

Había hecho mi trabajo y el de otros. Extras como adelantarme al encargo a Don Julio y por encargo de la directora técnica y arrancar en persona voluntades, además de consolidar el oficio de estepario. No conviene fiarse, amigo Javier, de un hombre o de una mujer que incluso al hablarte de frente haga difícil asegurar que lo esté haciendo a cara descubierta.

Días más tarde, presidente y directores generales de la Kutxa fueron recibidos por Don Julio en la calle Alfonso XII, número 50 de Madrid. Ahorrémonos la entrevista. La fuerza del “nuevo” libro del mejor etnólogo vasco llegaría en un mes, por cinco millones de pesetas de 1991, rotundas y redondas –que el dinero se hizo redondo para rodar– y con él y toda la fuerza de su apellido “Baroja” arrancaría la nueva “Fundación Sancho el Sabio” de Vitoria-Gasteiz.

En espera, redescubrí mi sistema respiratorio y se me subió a la cabeza todo el aire de la Llanada alavesa. Iba y venia del Paseo de la Senda 2 a la ermita de San Prudencio, deprisa, muy deprisa. Me cruzaba con Jauregui, el político socialista; Urdangarín, funcionario en la Kutxa entonces; con Josetxo, el director del Museo de Naipes; con Guerenabarrena, el otro presidente de la Kutxa; con María Jesús Beriaín, amiga de Carmen Gómez, las dos buenas amigas… deprisa.

Despacio, muy despacio parecía trabajar Don Julio.

Después de dos meses le llegó el libro al presidente.

Habíamos encontrado el argumento giratorio de la “nueva Fundación”, la chispa vital en el rincón de Madrid, la piedra prismática angular para la pasarela del marketing.

– Señor presidente, lamento decirle que este libro ya está publicado. Lo he estudiado a lo largo de todo un día en la biblioteca.

– Entiéndete tú ya con Don Julio. Lo haremos después oficialmente.

– He olvidado otra cosa. Con esos cinco millones nosotros ponemos en valor nuestro fondo bibliográfico “Carlistas”, montamos una Exposición con libro-catálogo incluido y abrimos para el “todo Vitoria” la Primera Semana de Estudios Vascos.

– ¿Estás bromeando? – Lo digo completamente en serio. – Lo sé. – Ese no es el problema. – Pues entonces, ¿cuál es? – No estoy acostumbrado a tomar decisiones basadas en lo que se siente. – ¿Entonces? – Entonces, en marcha.

Me entendí a la perfección con Don Julio. Tampoco él estaba estructurado para asentarse, era estepario, aunque de Vera de Bidasoa.

Nunca he tomado, amigo Javier, en mi vida anfetas y toda esa mierda. Pero delante del presidente de la Vital Kutxa me preguntaba qué nueva sustancia química se había sintetizado en el trasmundo de Vitoria, sin que yo me hubiese enterado. Una pregunta retórica. Esa poderosa anfeta estaba inventada. La mezcla de velocidad y codicia.

Y la tenía delante. Él. Y la tenía en mi interior. Yo. Él con unos 40 años. Yo alrededor de los 50. Ambos: velocidad y codicia.

Antes o después las máscaras terminan apropiándose de uno. Entonces el inconsciente inicia un combate contra su propia cara. Es difícil ya saber dónde empieza ya tu alma y dónde tu antifaz.

Se dio carpetazo educado a Don Julio y nació la colección “BESAIDE BILDUMA”, con su primer libro “Los Carlistas”. El hueco que quedó entre “Baroja” y los “Agraviados” lo llenó, con creces, “De Coro”, en honor a mi madre Nieves.

Aplaudió Laguna, Ibañez, Calejero, de Pablo, Sopeña, Sevillano, Echániz, Leceta, Batanero, R. Grande, Val Diez, Toño Balaguer, Santos Maza, Zofío, Orea, Rebollo.

Un millón de estrellas se levantaron la noche de la presentación en mi corazón.

Un millón de sueños acababan de realizarse.

Un millón de estrellas aquella noche hizo que todo saliera bien.

En la sala de San Prudencio de Vitoria llena. En Vitoria-Gasteiz 1991.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar…

MAGICAL MISTERY TOUR

MAGICAL MISTERY TOUR

Viaje mágico y misterioso Nunca, nunca, han pasado tantas cosas como en 1968. Te las quiero soltar aquí en la cabeza,...

La casa Moretta

La casa Moretta

Un refugio para el invierno Era yo un caserón vetusto y antiguo. Nueve amplias habitaciones formaban mi planta baja....