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Las mujeres, más pobres por las consecuencias de la pandemia

8 marzo 2021

Rupa tiene 25 años y vive en Tirupur (India). La pandemia hizo que sus padres perdieran sus trabajos y ella tampoco ha encontrado ningún empleo que ayude a su familia. Grace, en Ghana, no ha podido abrir su tienda de moda, su sueño desde niña. Jency perdió su trabajo como maestra, aunque en este tiempo de pandemia ha hecho de un árbol una escuela para los 43 niños y niñas de su aldea en India. Priscilla, enfermera jubilada en Sudáfrica, volvió a su hospital para ayudar con la pandemia a sus compañeras. “Durante meses he trabajado más de 12 horas sin tener ni siquiera tiempo para tomar un café”, explica la mujer.

Millones de mujeres han visto afectadas sus vidas por la pandemia. En ellas han recaído los cuidados y el estrés y el trabajo se ha multiplicado a causa de los confinamientos y las consecuencias de la crisis sociosanitaria. “Pero las mujeres ya venían con desventaja ya que la pobreza tiene nombre de mujer”, dice Eusebio Muñoz, director de Misiones Salesianas.

La tasa de pobreza de las mujeres aumentará un 9% por el coronavirus y sus consecuencias.

Hoy, Día de la Mujer, desde Misiones Salesianas denuncian las injusticias que están sufriendo las mujeres en el mundo y que han aumentado en este año de pandemia. Al menos siete de cada diez personas que pasan hambre en el mundo son mujeres y la tasa de pobreza, según los organismos internacionales, aumentará más de un 9% por la pandemia y sus consecuencias; el 60% de los menores que no va a la escuela son niñas; las mujeres aportan dos terceras partes de las horas de trabajo, pero sólo poseen el 10% de los recursos. “Sin hablar de la violencia, la discriminación, las desigualdades… que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Nacer mujer supone tener más posibilidades de vivir en la pobreza, ser marginada y ser más vulnerable a la violación de los derechos fundamentales”, añade Muñoz.

En Misiones Salesianas trabajan para que las mujeres tengan voz y participen en la toma de decisiones. Y, para ello, la educación es una de las claves para superar las diferencias entre hombres y mujeres. La vida de una mujer que tiene acceso a la educación nada tiene que ver con la de aquellas que son privadas de este derecho universal. Una niña que estudia se casará más tarde, tendrá menos hijos, dará mejor atención y alimentación a su familia y participará de manera más activa en su comunidad. La educación de las niñas rompe con el círculo vicioso de la pobreza. La formación y la independencia económica de las mujeres son dos factores fundamentales para conseguir el desarrollo de la comunidad.

Misiones Salesianas, junto a los misioneros salesianos que trabajan en más de 130 países, llevan a cabo iniciativas para fortalecer el papel de las mujeres en sus comunidades y facilitar el acceso a las niñas a la educación.

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