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Viaje histórico del papa Francisco a Irak

8 marzo 2021

Con el lema “Todos son hermanos”, el Santo Padre visitó Irak durante 4 días. Fue la primera vez que un Pontífice pisó la tierra de Abraham, en unas circunstancias marcadas por el coronavirus y por los conflictos bélicos con el grupo terrorista, Estado Islámico.

La mayor preocupación que el papa Francisco tenía en la realización de esta visita a tierras iraquíes fue la de un posible atentado terrorista, no a su persona, sino a los miles de fieles que se agolpaban en calles y templos por las ciudades que visitó del 5 al 8 de marzo de 2021.

Este viaje tuvo mucho de histórico. Francisco fue el primer Pontífice católico que visitaba el país asiático. Ya hubo varias tentativas de visita por parte de San Juan Pablo II y, en la actualidad, por el papa Francisco, sin éxito, a un país sumamente castigado por los conflictos bélicos en las últimas décadas, desde la guerra con su vecino Irán en los años 80, la Guerra del Golfo contra los Estados Unidos en los 90, la guerra tras el 11-S para derrocar a Sadam Husein en la primera década del nuevo siglo o la actual guerra contra el Estado Islámico, que ha estado sembrando de dolor el norte del país, especialmente con la persecución religiosa a cristianos, que supuso el éxodo de miles de ellos. Se estima que en 2003 el número de cristianos en el país era de millón y medio de los veinticinco millones del total de la población. Actualmente, solo son entre 150 y 300 mil de un total de 40 millones.

El primer día, sentido de Estado

El viernes, 5 de marzo, el papa Francisco llegó en avión al aeropuerto de Bagdad, capital de la República de Irak. En la escalinata del avión fue recibido por el primer ministro iraquí, Mustafa Abdellatif Mshatat, con el que mantuvo un encuentro en una sala especial del mismo aeropuerto.

A continuación, el Papa se desplazó hasta el Palacio Presidencial para la ceremonia oficial de bienvenida y la visita de cortesía al Presidente de la República iraquí, Barham Ahmed Salih Qassim. En este lugar, Francisco dirigió su primer discurso en tierras iraquíes. En él dijo: “Vengo como penitente que pide perdón al Cielo y a los hermanos por tantas destrucciones y crueldad; como peregrino de la paz, en nombre de Cristo, Príncipe de la Paz”. También se refirió a la violencia sufrida: “No más violencia, basta de extremismos, facciones e intolerancia”.

Un tercer acto oficial centró el primer día de la visita del Papa. La catedral siro-católica de “Nuestra Señora de la Salvación” acogió el encuentro del Santo Padre con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas. Fue recibido por las autoridades religiosas iraquíes que le agradecieron su valentía de viajar al país. En este encuentro, dirigió unas palabras a los presentes, recordando a los que murieron por la fidelidad a Dios: “Quiero recordar a todas las víctimas de persecuciones pertenecientes a todas las religiones. La religión debe servir a la causa de la paz y la unidad de todos los hijos de Dios”.

El segundo día, en la tierra de Abraham

El segundo día del papa Francisco en Irak comenzó viajando en avión hacia el sur del país, concretamente hasta la ciudad de Najaf. Allí, tuvo un importantísimo encuentro privado de casi una hora con el principal líder religioso del islam chiita, el ayatolá Ali Al Sistani. Francisco quiso agradecerle “que levantase la voz en defensa de los más débiles y perseguidos, afirmando que lo sagrado es la importancia de la unidad del pueblo iraquí”. Y también subrayó “la importancia de la colaboración y amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando con respeto recíproco el diálogo, se pueda contribuir al bien de Irak, de la religión y de la entera comunidad”. Por su parte, el ayatolá respondió al papa que los cristianos deben “vivir en paz y seguridad” y beneficiarse de “todos los derechos constitucionales”. El encuentro sirvió para formar un frente común contra los extremismos radicales.

Más tarde, el Papa se desplazó a la llanura de Ur de Caldea, donde tuvo un encuentro interreligioso, momento más significativo en el viaje apostólico del sucesor de Pedro. En el lugar donde, según se lee en el Génesis, Dios llamó a Abraham –padre de las tres religiones monoteístas (judaísmo, islamismo y cristianismo)– para abandonar su patria y dirigirse a Canaán. La ciudad de Ur es considerada una de las más antiguas de la humanidad, con más de 4.000 años de historia, cuna de la civilización, y ubicada en las proximidades al río Eufrates.

El papa Francisco presidió este encuentro con un centenar de representantes religiosos iraquíes, entre chiíes, suníes, zoroastrianos y yazidíes. El Pontífice habló de los creyentes cristianos, judíos y musulmanes como “hermanos” y descendientes del patriarca, por lo que deseó que “miren juntos el mismo cielo y caminen por la misma tierra”. Añadió que “el cielo nos da un mensaje de unidad: el altísimo que está por encima de nosotros nos invita a no separarnos nunca del hermano que está junto a nosotros”.

Enérgicamente condenó el uso de las religiones como justificación para la violencia: “Desde este lugar, que es fuente de fe, afirmamos que Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfema es profanar su nombre odiando al hermano. Hostilidad, extremismo y violencia no nacen de un espíritu religioso, son traiciones a la religión. Y nosotros, creyentes, no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión. Nos corresponde a nosotros responder con claridad a los malentendidos”.

Francisco marcó el camino para lograr una paz duradera: “No habrá paz sin compartir y acoger, sin una justicia que asegure una equidad y promoción para todos, comenzando por los más débiles; no habrá paz sin pueblos que tiendan la mano a otros pueblos; no habrá paz mientras los demás sean ellos y no parte de un nosotros; no habrá paz mientras las alianzas sean contra alguno, porque las alianzas de unos contra otros solo aumentan las divisiones. La paz no exige vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de las incomprensiones y las heridas del pasado, se encaminan del conflicto a la unidad”.

El encuentro en Ur concluyó con un momento de silencio y oración común.

El Santo Padre regresó a Bagdad para presidir una celebración eucarística en rito caldeo en la catedral de San José. La homilía del papa Francisco estuvo inspirada en las Bienaventuranzas. Así concluyó el segundo día de visita apostólica a Irak.

Tercer día, la esperanza vence a la violencia

La ajetreada agenda del papa Francisco en Irak le llevó, en su tercer día de visita por el territorio iraquí, a la ciudad de Mosul, escenario de sangrientos atentados que destruyeron gran parte del patrimonio religioso y cultural, asesinaron a miles de personas y obligaron a huir a muchas más.

En medio de las ruinas, recuerdo de las atrocidades del Estado Islámico, el Santo Padre llegó a la Plaza de las Cuatro Iglesias para celebrar una oración por sufragio por todas las víctimas de la guerra. En esta ciudad, miles de cristianos y de otras confesiones tuvieron que huir entre 2014 a 2017, pero muchos otros no tuvieron esa suerte y murieron. “Si Dios es el Dios de la vida y lo es, a nosotros no nos es lícito matar a los hermanos en su nombre. Si Dios es el Dios de la paz y lo es, a nosotros no nos es lícito hacer la guerra en su nombre. Si Dios es el Dios del amor y lo es, a nosotros no nos es lícito odiar a los hermanos”, afirmó.

En su memoria, tras su discurso sentido, Francisco descubrió una placa conmemorativa dedicada a todas las víctimas de la violencia. Posteriormente, pudo visitar algunos de los lugares y templos destruidos por la guerra y el terrorismo en esta ciudad.

Tras este primer encuentro, se dirigió a la cercana ciudad de Qaraqosh, la única ciudad con población mayoritariamente cristiana –un 90%– en el país de Medio Oriente. El Papa se encontró con la comunidad local y oró el Ángelus junto a ella en la reconstruida Catedral de la Inmaculada Concepción. Francisco escuchó los testimonios de una mujer que supo perdonar a los que asesinaron a su hijo pequeño y el de un sacerdote que desde hace 20 años sirve en el lugar. A ellos, el Papa les dijo “no se rindan, no pierdan la esperanza”. “Jesús está a su lado, no dejen de soñar”, les alentó.

El Papa marchó a Erbil para tener la última actividad oficial del viaje apostólico, la santa misa en el estadio Franso Hariri. En esta ocasión, fue la primera vez que Francisco utilizó el papamóvil para saludar a alrededor de diez mil personas que se congregaron en el estadio para la celebración. A ellos, les dirigió unas palabras en su homilía: “También en medio de una gran pobreza y dificultad, muchos de ustedes han ofrecido una ayuda concreta y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Este es uno de los motivos que me han impulsado a venir como peregrino entre ustedes, a agradecerles y a confirmarles en la fe y en el testimonio”. Se despidió afirmando que “hoy puedo ver y sentir que la Iglesia en Irak está viva, que Cristo vive y que actúa en este pueblo suyo, santo y fiel”.

Una despedida con llamamiento a la mujer iraquí

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, concluyó el trigésimo tercer viaje internacional del Santo Padre a Irak. Por la mañana temprano, su avión despegó del aeropuerto de Bagdad con destino a Roma. Francisco, en este día tan marcado, quiso recordar en su cuenta de Twitter la figura de la mujer, especialmente a las mujeres iraquíes. El tweet del Papa dice así: “Quisiera dar las gracias de corazón a todas las #mujeres, especialmente a las de #Irak, mujeres valientes que siguen dando vida, a pesar de los abusos y las heridas. ¡Que las mujeres sean respetadas y defendidas! ¡Que se les dé atención y oportunidades! #ViajeApostólico”.

Con estas palabras, concluyó un viaje histórico, por la visita a un país castigado por el horror, la guerra y la persecución cristiana, por el encuentro con otras religiones, por la seguridad que lo envolvía y también marcado por la pandemia de coronavirus, que tenía a Irak envuelto en un reciente brote de contagios diarios.

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