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Ese corazón humano que es tan capaz de grandes cosas

23 marzo 2021

Amigos lectores del Boletín Salesiano, llego a vosotros con el corazón impresionado por lo que viví en la fiesta de Don Bosco. Fueron muchas cosas, pero hoy me quedo con dos comunicados en los que fui solamente testigo (en un caso) y receptor del mensaje (en el otro). Ambos me hicieron sentir que el corazón humano es también muy capaz de cosas grandes y hermosas.

Dos testimonios de acogida

Me encontraba en la noche del 29 de enero de 2021, en Valdocco, en los bancos de la Basílica de María Auxiliadora, participando en medio de los asistentes, a la oración y Vigilia de los días precedentes a la fiesta de nuestro amado Santo.

En dicha Vigilia de oración, cuatro jóvenes que habían participado en el encuentro organizado por la Santa Sede bajo el título ‘Economy of Pope Francis’, como jóvenes emprendedores que ven en la economía no un medio para enriquecerse al precio de hacer más pobres a otros, sino con una mirada de justicia y solidaridad. Dos de estos jóvenes dieron un testimonio de vida que iba mucho más de la gestión económica.

Uno de ellos compartió que hace dos años perdió a su padre, y su madre viuda quiso darle un sentido grande a su vida en memoria de su esposo. Acogió en casa, junto a sus hijos, a dos inmigrantes menores de edad que se encuentran en Italia, sin ningún vínculo afectivo y familiar. Este joven emprendedor nos compartió cómo ellos, los hijos, quedaron impresionados por la decisión y valentía de su madre en vivir el Evangelio como ella creía que tenía que ser hoy.

El segundo testimonio fue el de una joven que, además de ser emprendedora en economía, ha decidido ser tutora de un joven senegalés menor de edad, para ayudarlo en estos años a abrirse camino, crecer, educarse y prepararse para la vida.

Me quedé impresionado, porque esto es ‘Evangelio al vivo y sin edulcorantes’. Y significa que también hoy se puede vivir así, en lo sencillo, en lo concreto.

Gracias a los Salesianos por tanto

Y en narrar lo concreto, os ofrezco otro testimonio que lo confirma. En un mundo como el nuestro, complejo y con tantos poderes facticos y oscuros, también hemos de dar a conocer el bien que se hace. Don Bosco lo hacía a diario.

Hace unos días recibí uno de esos pocos mensajes que llegan en los que no se hablaba mal de ninguna persona (son frecuentes las quejas por doquier…). Por el contrario, es el testimonio de una joven que ha vivido muchos años en un ambiente salesiano y le ha marcado la vida para bien. Leí su mensaje y me tocó el corazón, y me dije que tenía que compartirlo con vosotros:

“Querido Padre Ángel: desde que encontré el modo de poder escribir, tuve muchos deseos de poder contarte algunas cosas. Aquí, donde vivo, los salesianos son tremendos: amparan ante el desconsuelo, cobijan soledades, siempre encuentran tiempo para la escucha, nos exhortan a creer, a confiar, a esperar contra toda esperanza. Alivian el alma en las horas más amargas y celebran las alegrías como si fueran propias. Toda mi vida estuvo “alumbrada” por el carisma. En una ciudad pequeña (donde se abrió la primera casa salesiana de América), y desde hace unos años, en Rosario, una ciudad grande y bella. Ahí, en la casa San José, trabajo en la escuela y participo en las actividades parroquiales. Nuestro director, el P. X, se conoce a cada alumno por su nombre. Ha sabido acompañar el dolor de cada uno. Muchos de nuestros chicos están atravesados por historias dolorosas y duras: alumno con leucemia, padres que fallecen, violencia familiar y tantas desgracias. Él se las sabe y los abraza con el corazón y la palabra. Otro salesiano, X. hace vibrar la Iglesia en cada Eucaristía. El P. X, aunque mayor, se mezcla entre los muchachos contando historias de otros tiempos. En la otra casa salesiana, con el P. X. buscamos el mejor método para enseñar a los chiquillos de primer grado a iniciarse en la lectoescritura. Son tantos y tantos nombres…

Un sábado viajé 1.500 kilómetros en un día para ver al Padre X., que está en la casa de salud Zatti, para recordarle cuánto se lo quiere y retribuir un poquito todo lo que trabajó por nosotros. Sólo para compartir el almuerzo con él. Y emocionado, entendió que todo había valido la pena. Hay tanta vida puesta al servicio de otros.

Salesiano es sinónimo de vivir para los demás. Así los conocemos aquí. Así son. Así viven. “Estamos en el mundo para los demás”, nos dice siempre el Padre X., parafraseando a Don Bosco. Y sí, será por eso que en los patios de nuestros colegios hay algo en la atmósfera de lo invisible que tiene que ver con la alegría, la esperanza, la santidad.

Feliz fiesta de Don Bosco querido Rector Mayor. Rezo por ti y en ti por cada salesiano que nos hace sentir que Don Bosco vive, que siempre estuvo y sigue estando. Bendiciones para todos”.

Sencillamente os digo: el Valdocco con Don Bosco tenía mucho de lo que esta joven nos cuenta. Qué alegría me da sentir que hay muchas casas que tienen ‘sabor a Valdocco’. Que sus corazones estén también ‘tocados’ y abiertos a la esperanza.

 

Fuente: Boletín Salesiano

 

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