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La importancia del viaje del Papa a Irak

12 abril 2021

La vida de la Iglesia en marzo ha estado marcada por el viaje del Papa a Irak, que fue muy importante y no puede pasarnos desapercibido. A pesar de la pandemia y de la inestabilidad en la región, a pesar de los riesgos en la seguridad, Francisco quiso visitar Irak, donde los cristianos son una minoría y están perseguidos, casi a punto de desaparecer, una “Iglesia mártir”, como la definió el propio Pontífice.

Al terminar la visita a Irak, en la tradicional rueda de prensa en el viaje de regreso a Roma y en la catequesis del miércoles siguiente a la finalización del viaje, Francisco quiso destacar los aspectos fundamentales de las jornadas vividas. En este caso, con insistencia, subrayó el desafío de la fraternidad que tiene ante sí el mundo. Una fraternidad en la que el Papa está empeñado en involucrar a líderes políticos y religiosos, especialmente musulmanes, y de otras confesiones. Sigue así, también, una senda ya abierta en los últimos pontificados.

El desafío de la fraternidad

El encuentro con el Gran Ayatolá Al-Sistani en Nayaf se sitúa en la línea del que mantuvo en febrero de 2019 en Abu Dabi, donde firmó el documento “Fraternidad humana por la paz y la convivencia”. Acercamientos al mundo islámico muy criticados dentro y fuera de la Iglesia, pero que reflejan el esfuerzo del Papa por construir otro tipo de relaciones que permitan superar la lógica de la guerra y la destrucción. “La guerra siempre es el monstruo que, con el cambio de épocas, se transforma y continúa devorando a la humanidad”, decía Francisco. Un esfuerzo por sembrar en nuestro mundo otro tipo de mensajes a los que estamos acostumbrados. Un esfuerzo para decir al mundo, unido a otros líderes religiosos, que nunca se puede justificar la violencia en nombre de Dios. Y este es un mensaje decisivo, y hace falta que se escuche.

Sería ingenuo pensar que, con una visita del Papa, con unos discursos y mensajes, ya se solucionan los problemas que envenenan las relaciones entre los pueblos o dentro de una misma sociedad. Pero el actual pontífice, como los anteriores, sabe que su presencia en un determinado lugar es toda una declaración de intenciones. Que mete en la agenda de la actualidad una situación; que coloca, al menos durante un tiempo, un determinado tipo de mensajes en los medios de comunicación.

Una de las características de los viajes de este pontificado es, precisamente, su acercamiento a los últimos, a las periferias, a los lugares donde se sufre, a los países en los que es más necesario animar a comunidades cristianas perseguidas, en minoría, que parece que no cuentan. Gracias a estas visitas cobran protagonismo minorías y situaciones de conflicto olvidadas por la vorágine de la actualidad. Se teje otra diplomacia sutil con líderes políticos buscando otro tipo de relaciones entre los pueblos. Un mérito que, en este mundo tan polarizado y enfrentado, hay que reconocerle y agradecerle al Papa.

Fuente: Boletín Salesiano

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