Seleccionar página

Carta de un corazón agradecido

2 junio 2021

En muchos de los boletines publicados en vida de Don Bosco, él mismo daba cuenta a sus lectores de lo que se hacía en Valdocco y en otras casas salesianas, también con las noticias que llegaban de América, primero de Argentina y después de otras naciones.

Creo que también hoy tenemos el deber de entusiasmar, de dar a conocer el bien que se hace, de acompañar incluso en el dolor, como sucede ahora en Brasil o India. Esta realidad nos tiene que hacer siempre cercanos a la mirada y el dolor de los otros. Como en la vida misma, hay tanto para agradecer y tantos motivos para alegrarnos y también, otros para llorar y para estar al lado de quienes sufren.

Quienes me leen a lo largo de estos siete años, constatan que intento transmitir algo de la vida vivida, algo de los ‘milagros’ que el Señor me ha permitido descubrir y ver a lo largo y ancho del mundo, comunicar sencillos testimonios que llegan al corazón.

Los Salesianos ayudan a miles de jóvenes en todo el mundo a que den lo mejor de sí mismos en sus vidas

Ordenando papeles y escritos, me encontré con un sobre. Dentro una carta que me entregó una joven cuando hice mi visita a la casa llamada Americana en Sao Paolo (Brasil).

Recuerdo que, en aquella visita, viví uno de los encuentros y diálogos más ricos y profundos con unos cien jóvenes entre 16 y 24 años, hablando de lo humano y lo divino.

Al volver a leer la carta, pensé: Don Bosco, a quien le entusiasmaba dar a conocer el bien que se hacía y cómo su sistema educativo y evangelizador transformaba la vida de sus muchachos, estaría feliz también de dar a conocer lo que hoy dicen muchos jóvenes. Se sienten felices en estas casas de Don Bosco, donde han encontrado amigos en el patio con los que compartir, una escuela que les prepara para la vida, un espacio de vida que les hace conocer en libertad a Dios, y una casa que acoge incondicionalmente, como le ha ocurrido a Elian.

Su carta dice así

Mi nombre es Elian T. S. y tengo 17 años. Estoy nerviosa, ya que no siempre somos honrados con la presencia y atención de alguien que representa a quienes llevan a cabo un trabajo tan hermoso y que hace tanta diferencia en mi vida.

Puedo decir que el que conoce o se acerca a la obra salesiana, nunca más es el mismo, independientemente de su religión, etnia o color. Las enseñanzas, valores y afecto que se nos transmiten, a los jóvenes, tienen el poder de impactarnos de tal forma que sus marcas permanecen siempre.

Recuerdo haber llegado a Americana en 2005 y, a pesar de ser de otra vertiente religiosa, con mis 7 años, comencé a involucrarme en esa delicadeza que es conocer y ser alguien del mundo salesiano. A partir de ese contacto con la obra de Don Bosco, conocí más de la vida, mucho de aquello que tantos jóvenes buscan en el mundo y no encuentran. Vi que las cosas difíciles de la vida se pueden superar con ayuda, cercanía, una sonrisa al final de una tarde. Experimenté que los curas de la casa en la que me encuentro muchas veces pueden ser los buenos amigos y consejeros, y que nada es más hermoso que la acción de Dios en nuestra vida.

Elian es una joven brasileña vinculada a la obra salesiana de Americana, en Sao Paolo (Brasil). Su corazón agradecido la movió, tras la visita de animación del Rector Mayor a su ciudad en 2017, a escribirle una carta. Le mostró su gratitud y cariño por Don Bosco y los Salesianos, que tanto bien hacen por los jóvenes

Bueno, no puedo decir que siempre fuera fácil. Muchas veces el sentimiento de cansancio y frustración aparecían, y muchas veces quise abandonar toda la obra, pero, a partir de Don Bosco, conocí a personas, que me ampararon y no me dejaron caer, personas que abrieron sus corazones y me mostraron y enseñaron cómo amar como lo hizo Jesús y como el Padre y Maestro de la Juventud amó a sus muchachos. Así me vinculé al Equipo Misionero, al Grupo Corazón de Jesús y al Oratorio Santo Domingo Savio al que me dedico actualmente. A través de las sonrisas de los niños con los que estoy, experimento y siento que todo vale la pena.

Ninguna de estas palabras que aquí están escritas sería suficiente para demostrar mi gratitud y cariño por este hombre de fe que se donó por los jóvenes y, a quienes hoy siguen haciendo lo mismo, salesianos y hombres y mujeres de estas casas de Don Bosco. Me gusta que sea así.

Gracias por todo y por ser nuestro Rector Mayor.

Con mucho cariño, Elian T. S.”.

Hasta aquí la carta de esta joven. No sé donde estará ahora. Quizá en la Universidad o iniciando otra etapa de su vida… Lo que no me cabe duda es que lo que lleva en su corazón le dará la fuerza para ser una gran mujer en la vida y dar lo mejor de sí a otros. De eso se trata en la educación y en las familias, de preparar para la vida y para dar lo mejor de uno mismo en dicha vida.

Fuente: Boletín Salesiano

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar…

Eres hermosa, María

Eres hermosa, María

La devoción a la Auxiliadora ha arraigado en numerosos pueblos y corazones Amigos y amigas lectores del Boletín...