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Don Pascual Chávez: «Le he dicho siempre Sí a Dios en lo que me ha pedido»

4 junio 2021

La Confederación de Antiguos Alumnos de Don Bosco en España entrevistó al Rector Mayor emérito, don Pascual Chávez Villanueva, para el número de mayo / junio de 2021 de la revista «Don Bosco en España».

Pregunta.- Pascual: díganos algo de su familia.

Respuesta.- Yo soy el octavo de 12 hijos generados por mis padres, Pascual Chávez y Amelia Villanueva: 6 hombres y 6 mujeres. Mi madre murió joven, el 5 de marzo de 1959; mi padre, en cambio, anciano, de 95 años, el 1 de febrero del 2005. Mis padres eran originarios de Cedral, en el estado de San Luis Potosí, en el centro del país, muy religiosos los dos y, sobre todo, de gran calidad humana y arraigo familiar. Papá era comerciante. En vistas de asegurar la educación superior de los hijos, la familia se trasladó a Saltillo, estado de Coahuila, en el noreste de México. Yo nací el 20 de diciembre de 1947 en el Real de Catorce, San Luis Potosí, entonces una ciudad minera, rica sobre todo en plata. Y recibí el nombre de papá, que era también el del abuelo y el del bisabuelo.

P.- ¿Cómo es el lugar donde vio por primera vez la luz, donde jugó como niño…?

R.- El lugar donde nací tuvo una grande importancia por su riqueza minera, tanto que allí se encontraba la Casa de la Moneda de la nación. Quedó prácticamente abandonado, cuando se inundaron las minas, como suele suceder con todos los lugares ricos en minerales, que son florecientes de vida comercial y social mientras haya minerales y que quedan desiertos y deshabitados o cuando éstos se acaban o pierden valor o la explotación queda temporalmente suspendida. Viví hasta los 9 años en la Estación de Catorce, una infancia muy feliz por el cariño de los papás y de los hermanos, con muchos amigos, estudiando, jugando, aprendiendo a ser un buen hijo de Dios. En esto papá y mamá fueron siempre ejemplares. De hecho, papá era padrino del obispo de San Luis Potosí, y los sacerdotes llegaban a casa, por lo cual era normal verlos entre nosotros.

P.- ¿Cuándo oyó por primera vez hablar de Don Bosco, de los salesianos, de María Auxiliadora?

R.- Escuché por primera vez hablar de Don Bosco, de los Salesianos, de María Auxiliadora cuando llegué a Saltillo, donde uno de mis hermanos y mis primos frecuentaban ya el Colegio México, por lo cual era normal ver en casa imágenes de Don Bosco y María Auxiliadora. Entré como alumno el último año de la elemental. Debo decir que desde el inicio me sentí en casa, fruto del ambiente de familia que reinaba con un número significativo de Salesianos, sacerdotes, tirocinantes, coadjutores. Junto con otro hermano llegábamos en la mañana temprano para asistir a la Santa Misa. Todo transcurría tranquilamente ese año escolar 1959-60 hasta que en el mes de febrero mi madre se enfermó y en poco tiempo murió, pero antes de morir, en un diálogo con ella, me dijo que siempre había pedido a Dios tener un hijo sacerdote. La verdad es que no sé por qué me lo dijo a mí y no a mis hermanos mayores. Y menos sé por qué le respondí, diciendo que yo era ese hijo sacerdote que había pedido. Murió el 5 de marzo y cuatro días más tardes, el día de la fiesta de Domingo Savio, que entonces se celebraba el día 9 de marzo, fui a hablar con mi asistente y, sin contarle el diálogo con mi madre, le dije que quería ser salesiano. Él me dirigió al Director del Colegio, quien me recibió y luego fue personalmente a mi casa a hablar con mi padre y mi hermana mayor. La reacción de ellos fue que yo era demasiado pequeño, 11 años, como para tomar esa decisión, que lo mejor sería esperar a que terminara los estudios. Pero me sentí con la libertad de decir “o voy este año o no voy nunca”. Meses después fui a San Pedro Tlaquepaque, cerca de Guadalajara, para comenzar el aspirantado.

P.- Fecha y una impresión de su primera profesión salesiana y de su ordenación sacerdotal.

R.- Después de cuatro años pasé a Coacalco, en el Estado de México, para hacer el noviciado, que concluí con la primera profesión el 16 de agosto de 1964. Una fecha inolvidable, también porque eran los años del Concilio Vaticano II y, teniendo cerca el Teologado con profesores que seguían de cerca el evento, pudimos vivir ese evento pentecostal con toda la efervescencia del cambio profundo de la Iglesia, en sí misma tanto como en su relación con el mundo y con las otras religiones.

Después de la profesión pasamos a Guadalajara para el estudio de la filosofía y ciencias de la educación, tres años y medio, de desarrollo intelectual, de maduración humana, de crecimiento vocacional, con todo el entusiasmo juvenil y las primeras experiencias apostólicas.

A esta etapa siguió otra que ha marcado toda mi vida: el tirocinio, tres años vividos en una comunidad al servicio de la misión para chicos que no eran pobres, pero con los que se podía hacer un maravilloso trabajo educativo. Bastaría pensar que son de esos años las vocaciones salesianas y diocesanas salidas de ese Colegio “Anáhuac Chapalita”, entre las cuales se encuentra un obispo.

Y finalmente la teología y con ella la preparación al sacerdocio, que ocurrió el 8 de diciembre de 1973, teniendo como lema el que las Constituciones Salesianas del 1984, año del Capítulo General 22 que hizo la renovación de las mismas, aplicó a Don Bosco: “Como si viera al Invisible” (Heb 11, 27).

P.- ¿Por qué se dedicó al estudio de la Biblia? ¿Cuál es el título de su tesis doctoral?

R.- Mientras estudiaba la teología, el director me había dicho que quería que me dedicara a la Biblia. Y, de hecho, después de la ordenación y al término de la teología, fui enviado al teologado y de allí, pocos meses después, en la Pascua del 1975 marché para Europa, un par de meses en Inglaterra para el estudio del inglés, otros dos meses en Israel, concretamente en Belén para el estudio del hebreo moderno, y finalmente a Roma donde me inscribí al Pontificio Instituto Bíblico, que por entonces tenía como Rector a Carlo Maria Martini. Dentro del curriculum hice un año en la Universidad Hebrea de Jerusalén y concluí la Licenciatura en el verano de 1977. Después de ello regresé a Tlaquepaque, como profesor de Sagrada Escritura y estuve allí tres años hasta que fui enviado a comenzar el Doctorado en Teología Bíblica en 1980 sobre la “Hermenéutica Bíblica de la Teología de la Liberación”, un tema que en ese momento era de gran interés en América Latina. En esa ocasión no pude terminar porque apenas seis meses más tarde me llamó desde Roma el entonces Rector Mayor don Egidio Viganó y me comunicó que debía suspender el trabajo doctoral y regresar a Tlaquepaque como Director del Instituto Teológico Salesiano.

P.- ¿Cuántos años de profesor-formador de estudiantes de teología? Alguna enseñanza de vida de aquellos años.

R.- Por nueve años fui profesor de Sagrada Escritura, fundamentalmente del Antiguo Testamento, siendo Director del Instituto Teológico Salesiano. Fueron años preciosos; fue una época en que la nueva Ratio Institutionis et Formationis de la Congregación ofrecía con claridad, después de tantas experiencias, la propuesta formativa del Salesiano en las diferentes etapas. A mí en lo particular, junto con el equipo de formadores, interesaba formar un tipo de salesiano sacerdote que respondiese a las nuevos desafíos de la Iglesia, del mundo, del país, de los jóvenes, con un ambiente formativo muy estimulante y exigente, y una formación fuertemente personalizada, fruto de una “reubicación existencial” que pedíamos a los jóvenes salesianos apenas llegados, que les ayudara a tomar su vida salesiana en sus manos, después de la experiencia fuerte del tirocinio, examinar el camino recorrido, con sus luces y sombras, sus altas y bajas, y así llegar lo más consciente y maduro posible a las dos grandes decisiones de su vida: la profesión perpetua y la ordenación sacerdotal, como diáconos primero y como presbíteros después. Habiendo construido el Teologado, sea la casa como el centro de estudios, en un ambiente muy popular, la cercanía con la gente y el apostolado favorecía una gran inserción y, por la misma razón, una formación en la misión.

P.- ¿Qué pasó por su mente y por su corazón cuando fue elegido Rector Mayor?

R.- Cuando participando al Capítulo General 25, llegado el momento de las elecciones, mi nombre apareció en la lista de los candidatos, no me preocupó lo más mínimo, seguro que no sería yo, tanto más que era el más joven de los miembros del Consejo General y siendo Consejero Regional no tenía una visión completa, profunda, de la Congregación. Cuando, en cambio, en la segunda votación se pidió centrarse sólo en los nombres que aparecían en la lista y el resultado fue que mi nombre resultó ser el más votado, todo cambió. Comencé a tomar en serio el hecho de que podría ser yo. Me fui a la habitación a rezar y a la luz de un libro que había recibido y leído providencialmente un par de años antes con el título Ocasión o tentación, sobre discernimiento espiritual, me pregunté: ¿es una tentación fruto de una imagen falsa de mí mismo o de búsqueda inconsciente de reconocimiento, o es una ocasión para ser más de Dios, más de la Congregación, más de los jóvenes? Regresé sereno al aula capitular para la votación definitiva y en la primera votación resulté elegido y al ser preguntado si aceptaba mi respuesta fue: «Le he dicho siempre ˝Sí˝ a Dios en lo que me ha pedido, y no tengo razones hoy para decirle ˝no˝. Confiado pues en su gracia, que nunca me ha faltado, acepto». Desde mi primer nombramiento, como Director del Teologado, y sucesivamente, como Inspector de la Inspectoría de Guadalajara, México, y luego como Consejero Regional de la Región Interamérica, inspirado en el último diálogo de Jesús con Simón, hijo de Juan (Jn 21) me había motivado la respuesta de Jesús a Pedro confrontado con la pregunta: “¿Me amas… más que estos… me amas… me quieres?”, pues entonces “apacienta mis ovejas, apacienta mi rebaño, apacienta mis corderos”. La forma en que Jesús hace madurar a Pedro es confiándole a los suyos para que los ame como Él los ama. Estas palabras de Jesús las sentía referidas a mí: el Señor me confiaba a los suyos dándome personas a quienes amar, en quienes pensar, por las cuales vivir, por las cuales rezar, entorno a las cuales organizar tu vida. Los hermanos no son, por tanto, un peso a llevar sobre los hombros pues te aplastarían, sino una gracia para poner en el corazón y allí se convierten en la motivación más fuerte. Es fácil, pues, imaginar lo que significa ser Rector Mayor.

P.- ¿Cómo ve en estos momentos la Familia Salesiana? Algunas luces… algunas

R.- La Familia Salesiana es una hermosa realidad desde sus inicios. Basta pensar en que Don Bosco, como todos los grandes fundadores, no fue sólo el fundador de una Congregación, sino también de una familia espiritual apostólica compuesta por la Sociedad de San Francisco de Sales (SDB), el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora (HMA), la Asociación de los Salesianos Cooperadores (SSCC) y la Asociación de Devotos de María Auxiliadora (ADMA). Y, usando una imagen que utilicé en uno de los Aguinaldos, diría que lo que comenzó siendo una semilla, se convirtió en un árbol y el árbol en un bosque. Un árbol porque hoy la Familia Salesiana está formada de 32 ramos que forman parte oficialmente de ella, además de otros grupos que existen, nacidos de la misma familia y en espera de un reconocimiento definitivo. Un bosque porque la Familia Salesiana está presente en 134 países del mundo atendiendo más de 15,000.000 de personas con una increíble variedad de servicios, actividades e instituciones, sobre todo en el campo de la educación (formal, no-formal e informal), la evangelización y la promoción humana y social. Su fuerza se encuentra en su clara identidad carismática en torno a la persona de Don Bosco y a su misión y una espiritualidad que crea un fuerte sentido de pertenencia. Esto ha llevado a una creciente sinergia en el territorio a través del Aguinaldo que cada vez resulta más un verdadero programa espiritual y pastoral. No cabe duda que ha ayudado mucho la creación y funcionamiento del Consejo Mundial, Regional e Inspectorial de la Familia Salesiana. Su debilidad consiste en la falta de un mejor conocimiento de los diversos grupos, de programas de formación conjunta y, sobre todo, de pasar siempre más convencidamente de la concordia (querernos bien) a la sinergía (trabajar juntos).

P.- Diga algo que “remueva la faz de la tierra” del Antiguo Alumno Salesiano.

R.- La Asociación de los Antiguos Alumnos Salesianos tiene una estructura formal a nivel mundial con la Confederación, a nivel Regional, a nivel Inspectorial con la Federación, pero es realmente eficaz allí donde hay centros locales vivos, sobre todo cuando éstos además de promover y cuidar la integración, llevan adelante programas de formación y actividades de compromiso social.

Los Antiguos Alumnos pertenecen a la Familia Salesiana en virtud de la educación que han recibido, es decir, por considerar positiva la educación salesiana y seguir sintiéndola válida durante toda su vida. Los verdaderos exalumnos son aquellos que han logrado ser «los ciudadanos honestos y los buenos cristianos» que quería Don Bosco. Por tanto, es natural que los Exalumnos se conviertan en los primeros apóstoles de esta educación en todas sus dimensiones, comprometiéndose a salvaguardar la creación, a la defensa de la vida y a la familia, a la promoción y educación de los jóvenes, a la protección de los derechos humanos y de la paz, abiertos al diálogo intercultural e interreligioso.

Antes de decir una palabra sobre la misión confiada a la Asociación de los Antiguos Alumnos de Don Bosco, siento la necesidad de llamar la atención sobre el tiempo litúrgico que vivimos, que es el de la Pascua del Señor Jesús, Crucificado y Resucitado de entre los muertos y convertido en el nuevo Adán, es decir, el iniciador de la nueva humanidad.

En efecto, aunque la resurrección es una afirmación de la fe de los cristianos, más aún es la primera afirmación, la afirmación por excelencia, de la que procede el credo que profesamos, la liturgia que celebramos, la vida que testimoniamos, la espiritualidad que vivimos, esto es, toda nuestra existencia cristiana fundada en el Bautismo. La Resurrección tiene un sentido antropológico muy hermoso y exigente, porque nos habla de la «novedad» cristiana llamada a transformar el mundo. En ella radica nuestra alegría pascual. Nuestra vocación y nuestra tarea de cristianos consiste en colaborar para que alcance su plenitud, en la realidad cotidiana de nuestra vida, lo que el Espíritu Santo ha emprendido en nosotros con el Bautismo: estamos llamados, de hecho, a ser hombres nuevos, para ser verdaderos testigos del Resucitado y, por tanto, portadores de la alegría y la esperanza cristiana en el mundo, concretamente, en la comunidad humana en la que nos encontramos viviendo.

Más concretamente, en virtud de la educación recibida, y como rama de la Familia Salesiana, la Asociación de Antiguos Alumnos de Don Bosco:

  • participa en la misión educativa de la Congregación y en los ambientes en los que opera se inserta con el estilo laical salesiano que la caracteriza;
  • se compromete con la promoción humana, con la construcción de la paz y la justicia;
  • promueve el respeto de los derechos humanos y la solidaridad, la tolerancia y el diálogo intercultural;
  • se erige como un movimiento de opinión en diálogo con la realidad sociocultural, potenciando los procesos de comunicación social;
  • cuida la integración, la formación y el compromiso apostólico de los centros locales, elemento básico de las Federaciones;
  • colabora con otras agencias del bien y trabaja en red con organizaciones civiles y eclesiales;
  • se ocupa de las relaciones con las asociaciones laicales y con toda la Familia Salesiana.

Todo esto exige:

  • Competencia profesional: para poder decir una palabra autorizada en cualquier ámbito de la vida (la política, la economía, el arte …) hay que ser competente, para convertirse en una auténtica levadura en la sociedad.
  • Conciencia moral: es decir con una calidad humana, enriquecida por valores que le permitan a la persona misma ser capaz de discernir y elegir responsablemente, pero también orientar a los demás en sus opciones o, en todo caso, convertirse en un punto de referencia para otras personas.
  • Compromiso social: no pensando sólo en el éxito personal, sino en el bien común. Por tanto, estará comprometido con la construcción de un mundo mejor: esta es una tarea posible, más aún impostergable y, sobre todo, es nuestra responsabilidad.

En el compromiso social, político y económico, es necesario interesarse seriamente y defender a toda costa los valores, especialmente:

  • La vida: que es sagrada, desde el nacimiento hasta la muerte. También hoy tenemos que ayudar especialmente a los jóvenes a encontrar el sentido de la vida y a comprometernos a velar por la calidad de vida, especialmente la de los más pobres y necesitados.
  • La libertad: especialmente hoy, en un momento en el que los gobiernos parecen actuar cada vez más de forma autárquica aun pareciendo democráticos, poniendo en peligro la libertad y el compromiso, la responsabilidad común de construir un mundo mejor, donde la libertad esté garantizada para
  • La verdad: no sólo la científica, sino también la emocional y espiritual, sobre todo ahora que asistimos a la transición de un pluralismo saludable al relativismo, para finalmente desembocar en un nihilismo, que lleva a la pérdida de cualquier marco de referencia y a la desintegración de la sociedad.

Si toda la educación salesiana está orientada a la formación de ciudadanos honestos y buenos cristianos, esto significa que la identidad y misión de los Antiguos Alumnos de Don Bosco se encuentra en este binomio.

Mis queridos Antiguos Alumnos, vivimos tiempos exaltantes y desafiantes. Éste no es un momento para la nostalgia o la irresponsabilidad, no podemos reducirnos a ser consumidores o espectadores de la historia. Estamos frente a un mar abierto: la propia familia, el campo del trabajo y la comunicación, las actividades sociales y políticas, la juventud, la misma Familia Salesiana, el mundo. Vosotros sois responsables de enriquecer la sociedad con los valores cristianos y educativos salesianos que habéis recibido.

P.- Cuéntenos algo de sus quehaceres, trabajos… del momento presente.

Desde que concluí mi servicio como Rector Mayor, mi sucesor, Don Ángel Fernández Artime me confió una hermosa misión: la de estar disponible para la Congregación, la Familia Salesiana, la Vida Consagrada en general, allí donde fueran requeridos mis servicios. Así es que desde el mes de abril del 2014 hasta la fecha mi agenda personal ha estado llena de compromisos, especialmente de predicación de Ejercicios Espirituales, retiros, conferencias, participación a congresos compartiendo la riqueza de la formación que me ha dado la Congregación y la experiencia que he acumulado en la diversidad de tareas que he realizado a lo largo de mi vida salesiana. Siento que la cosa más bonita en este servicio actual es la sintonía, tanto de afecto como de pensamiento, con el Rector Mayor, porque de esta forma me siento un colaborador suyo.

Y todo esto lo vivo como una gracia, porque el primer beneficiado soy yo mismo.

Quiero concluir esta entrevista deseando a todos y cada uno de los Antiguos Alumnos, en particular a los que la leerán, una Pascua llena de la Paz, de la Alegría, de la Novedad de vida que nos ha traído la Resurrección de Jesús, anticipación, garantía y esperanza de nuestra propia resurrección.

Un grande abrazo, con todo cariño, en Don Bosco, P. Pascual Chávez.

Entrevista realizada por la Confederación de Antiguos Alumnos de Don Bosco en su revista de «Don Bosco en España», publicada en el número de Mayo/Junio 2021, Nº751.

1 Comentario

  1. Enrique Mendez

    Excelente informacion de su experiencia de vida salesiana comunicandonos la riqueza de la espiritualidad, de la formacion intelectual para desarrollar la labor salesiana formando buenos ciudadanos y futuros habitantes del cielo como diria San Juan Bosco.

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